Dramatis Personae:
José Luis– Miguel de Cervantes
Zejo– William Shakespeare
Benjamín– Susy Díaz
ESCENA.– Taberna La Posada del Ángel, Barranco.
ACTO ÚNICO
ESCENA ÚNICA
Un día antes de la presentación de Décimas Cosas en el II Festival Internacional de Poesía de Lima, Miguel de Cervantes y William Shakespeare se encuentran en la barra del bar, excedidos en tragos y en pleno debate acerca de «ser o no ser». Susy Díaz limpia las mesas con un andar coqueto sin la menor idea de quiénes son «esos dos tíos». Lleva encima de la ropa, un delantal donde guarda sus propinas. Se acerca a la barra y sirve dos cervezas para unos clientes. Para explicar sus razones de «ser o no ser», William Shakespeare dice: «voy a recitar el monólogo de Hamlet», pero Miguel de Cervantes, que acaba de ver a Susy Díaz, lo interrumpe:
Miguel de Cervantes–
¡Por Quijote y Sancho Panza,
qué gran sorpresa he tenido!
Ya Lima se ha vuelto nido
de poetas, ¡sí que avanza!
¡Qué festival! La esperanza
me revive y me recrea.
Perú ya está en la pelea,
plantado firme en sus pies…
Y esta belleza… ¿Quién es?
¡Más linda que Dulcinea!
Miguel de Cervantes y William Shakespeare beben de un tirón sus cervezas. Susy Díaz se acerca a la barra y les dice: «ya se acabó la cerveza chicos, ah…, pidan otra cosa y no se olviden de mi propina, ¿ya?». William Shakespeare declama en voz alta:
William Shakespeare–
«¡Mi reino por un caballo!»,
el pasado ya es el prólogo
de este, mi inútil monólogo,
que me hace sentir vasallo.
Pestañeo bien y no hallo:
¿quién diantre es esta Julieta
que toda su ropa aprieta?
¿La musa del Festival
de Poesía? ¡Caudal
de belleza es la coqueta!
Susy Díaz mira a Miguel de Cervantes y a William Shakespeare y dice «oye, ya pues, por favor, respeto, que yo solo hablo español», y se acomoda el cabello coquetamente.
Susy Díaz–
¿Qué van a tomar, señores?
Soy cantinera y cantante,
puedo darles el diamante
de mi voz y sus ardores.
Parecen grandes tenores…
¡Ay! ¿O son esos poetas
que vienen con sus recetas
de amor en jugosos versos?
¡Son unos viejos perversos!
Pícaros, llenos de tretas.
Miguel de Cervantes toma de la mano a Susy Díaz, la besa y le hace una reverencia.
Miguel de Cervantes–
A tu lado, Dulcinea
vuelve a ser la pobre Aldonza,
labriega ignorante y zonza
¡y encima de todo, fea!
Tú debes ser, ¡vaya idea!,
la Ñusta, Virgen del Sol,
chola brava, luz, crisol,
síntesis extraordinaria;
¡mezcla de india legendaria
y de tozudo español!
William Shakespeare, entusiasmado, empieza a recorrer a Susy Díaz con la mirada. Susy Díaz se ruboriza y se acomoda el delantal, mientras que el inglés, por quedar mejor que el español, dice:
William Shakespeare–
Cervantes, mírala bien,
tras esa facha traviesa
se esconde una linda inglesa
por su rubor y vaivén.
Mi corazón es un tren
de pasión y de escritura,
¡dramatúrgica locura!
Te invoco: «Musa de fuego».
Déjate de tanto juego;
te espero aquí, sin mesura.
Susy Díaz no entiende lo que Miguel Cervantes y William Shakespeare dicen. Solo atina a hacerles una reverencia forzada que termina en un golpe brusco de su cabeza en la barra. Miguel de Cervantes y William Shakespeare la miran extrañados y ella sale de escena. Uno segundos después, regresa sin delantal.
Susy Díaz–
Don Miguel, ya me arreglé;
también para usted, Guillermo
(usted me parece un termo
listo para dar café).
A los hombres hago «olé»,
con mis artes amatorias;
ellas me han dado victorias
(sin componer ni un soneto).
¡Toco la trompeta y meto
las manos en sus memorias!
Miguel de Cervantes y William Shakespeare se miran al rostro y luego observan a Susy Díaz, quien saca un lápiz de labios y empieza a retocarse. Susy Díaz se pone entre ambos, los abraza y dice «ahora sí, vamos a hacer poesía, ¿ya?».
(OSCURO RÁPIDO.)






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